miércoles, 25 de julio de 2018

BICENTENARIO...¿DE QUE?


¿Que pasa, tierra mía, que está pasando?
Ay, desgraciadamente,
Perú, con odio tu nombre escribo.
Manuel Scorza (Gorrión dulcísimo - Las imprecaciones)




MEMORIA Y HORIZONTE



Oh mendigo, 
sirviente inmenso
que te arrastras ante los cerdos
que chapotean en esta charca de los gemidos.
Respóndeme:
¿Fuiste torrente para ser pantano?



PATRIA TRISTISIMA
                                                                         Manuel Scorza



Ay, Perú, patria tristísima.

Si yo llamara al padre
y al padre padre hasta el padre más antiguo
para que me mostrara la dicha,
toda la felicidad que aquí sonó
cabría en un pañuelo.
Oyeme, patria:
yo como tú estoy hecho con el metal del humillado.
En las sierras se muerden la nieve
hombres amargos como yo;
en las aldeas tropiezan con su pecho
hombres heridos como yo;
en pueblos pálidos se buscan entre las cáscaras
desgraciados como yo.







viernes, 15 de junio de 2018

PENSAMIENTO CRITICO

Mi deuda impagable con Aníbal Quijano

Por Guillermo Rochabrún

15 de junio, 2018.- Debo a dos personas mi formación y mi perspectiva en las ciencias sociales: a Frits Wils y a Aníbal Quijano. Fui discípulo de ambos prácticamente en forma sucesiva; de Frits entre 1968 y 1970 en las aulas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y de Aníbal a partir de 1971, en su hogar y donde fuese menester. Weberiano el primero, marxista el segundo, pero sobre todo modelos de reflexión, de pensamiento crítico, de ejercicio insobornable de las ciencias sociales a través del razonamiento.
Así aprendí a apreciar a los grandes autores –y también a los no tan grandes- más que por sus ideas, por el fundamento de las mismas, haciéndose imperioso entenderlos, dominarlos, hacerlos nuestros, para ser incluso capaces de cuestionarlos. Y aprendí también a escuchar, a reaccionar ante la discrepancia, ante la novedad inesperada o incómoda, pidiendo al interlocutor que se explayase más, acompañándolo en su propio discurso,y llegar con él hasta sus últimas consecuencias. De esa forma, y sólo de esa forma mostraría sus reales fortalezas y debilidades.Frente a mí mismo yo no podría actuar de otra manera.
Fue con esas premisas que, a iniciativa de Aníbal, empecé a estudiar El Capital, obra que por entonces desconocía totalmente, y por la que debido a mi formación en la Sociología académica no había sentido ningún interés. Fue el inicio de un descubrimiento que luego de más de cuatro décadas sigue sin visos de terminar.
Pero ello estuvo acompañado de innumerables ejercicios de la misma naturaleza sobre la historia peruana, o sobre el pensamiento de Mariátegui. Eran los años iniciales del Gobierno Militar, de la sucesión de reformas, del ascenso de las organizaciones populares, de los debates sobre la “caracterización de la formación social peruana” y del Gobierno mismo.Fue un verdadero “laboratorio” en vivo y en directo, que en este “realismo fantástico” llamado Perú fue enfrentado por las izquierdas con un marxismo-creencia. Ese que existía solamente para “confirmar” lo que Marx (y Lenin, y Stalin, y Mao [y Trotski, y…]) siempre habrían sabido…¡¡La locura travestida de razón!!
Había sin embargo otra vena en Aníbal, de la que pronto me aparté, y de lo cual nunca sabré qué fue lo “correcto”. Es lo que llamaría su vena “mesiánica”: su convicción de que potencialmente había en las clases populares un sujeto histórico que era portador de liberación. Este era un término que él no empleaba; lo menciono porque creo que es el que mejor expresa el horizonte hacia el cual él miraba. Aquel mundo en el que soñaba Arguedas, y de cuya presencia en el imaginario de Quijano existe este temprano testimonio del gran novelista:
“¡Estoy feliz! Sentía los más oscuros temores respecto de esa novela [Los Ríos Profundos]. Pero me visitó hace tres días el joven Quijano que tradujo el artículo de Bourricaud sobre Yawar Fiesta; estaba conmovido. Me juró que Los Ríos Profundos lo había curado de su atroz pesimismo. Me dijo, más o menos, ‘mi generación es la del fracaso del APRA, la de la aparente quiebra del Perú traicionado; por eso somos amargos; pero es una amargura por la ignorancia del pueblo; su libro es la versión más intensa y hermosa del Perú y de sus fuerzas germinales’…Me dijo todo lo que había entendido de la novela ¡¡Era más de lo que yo me propuse!!”(1)
Cuando a mediados de los años 80el movimiento sindical clasista peruano entró en una profunda recesión, y la izquierda estaba cercada entre Sendero Luminoso y el orden establecido, Quijano empezó a replantearse todo y llevó a cabo lo que denominé su “reinvención”(2). Fue el origen de su planteamiento sobre la colonialidad del poder, término cuyo significado no es nada obvio. El “poder” es el orden capitalista mundial, y la “colonialidad” es la centralidad, la importancia decisiva que en los orígenes del capitalismo habría tenido lo que poco a poco se fue convirtiendo en su “periferia”. Corolario de esa colonialidad venía a ser el eurocentrismo: la versión según la cual el capitalismo y todo lo que es la modernidad europea, sería resultado de su propio desarrollo autónomo, relegando al resto a una posición receptora, subordinada y racialmente inferior.
En este planteamiento ¿cómo quedaba el marxismo, y en particular el pensamiento de Marx? Era imposible que Marx hubiese escapado inmune al eurocentrismo, a la vez que era claro que en la evolución de sus reflexiones lo fue haciendo. Era cuestión de repensar una y otra vez las viejas y nuevas evidencias, e ir desprendiéndose de los restos eurocéntricos, aunque posiblemente nunca podría hacerse del todo. Pero a decir verdad, al menos desde que conocí a Aníbal, su comprensión de Marx ya lo llevaba por caminos totalmente distintos a ese eurocentrismo inconsciente que es el evolucionismo unilinear de la sucesión de modos de producción. Pero llevaba además a la necesidad de razonar toda realidad desde sus propias determinaciones. Y para ello había que estudiar primero cuáles eran. No: el marxismo no daba conocimiento alguno, sino un método y algunas pistas para conocer. Ahí está en los textos de Aníbal, mucho antes de su “reinvención”, esa lucha por entender la especificidad de América. Como ejemplo vayan estas líneas, escritas en 1973(3):
“La consecuencia más resaltante de esta forma de enfocar el asunto es que algunas de las principales hipótesis recibidas…requieren ser retrabajadas a fondo, en un esfuerzo en que la explicación teórica esté necesariamente atravesada y construida por determinaciones históricas específicas” (p. 18)
“…las hipótesis históricas concretas de la teoría marxista del estado, organizadas sobre la base de la experiencia europea, pueden no ser suficientes para explicar y caracterizar la experiencia política de las sociedades colonizadas, ex-colonizadas o sometidas a las diversas formas específicas de dominación imperialista. No es la tesis central lo que está en cuestión. Son las hipótesis específicas derivadas de esa tesis, lo que debe considerarse en términos históricos. Esto es, la teoría debe atravesar la historia concreta, en el análisis de una sociedad y de un estado concretos.” (p. 60)
¿Pero por qué no estaría en cuestión la tesis central? Tres lustros más tarde Aníbal sería mucho más audaz(4). Sin embargo lo importante no es cualquier audacia, la cual puede no ser sino hueca, formal y retórica. Lo relevante es que sea una audacia creativa, que abra nuevas perspectivas, que ilumine aspectos antes oscuros y apenas presentidos. Y eso fue la colonialidad del poder. Más allá de la exactitud histórica de sus tesis, lo perdurable de este planteamiento es que permite tener una visión de la modernidad europea diferente y fundamentalmente independiente de la que ella se da sobre sí misma. Significa también tomar distancia de su(s) racionalidad(es), aun si sea imposible o innecesario y hasta improcedenteque cortemos con ella todo lazo.
Porque, a fin de cuentas, para quienes de una u otra manera hemos sido criados bajo esa modernidad, cualquier horizonte de liberación en el que podamos pensar tiene una raíz judeo-cristiana-grecolatina. Libertad, igualdad, desarrollo personal, fraternidad universal, horizontalidad entre todos los seres humanos; universalidad: es de ese occidente moderno que lo hemos aprendido. Pensemos simplemente en que fuera de esa matriz no son temas centrales. Pero aun si así lo fuera, para bien y para mal es de Europa que los hemos mamado.
Sin embargo, henos aquí entonces tratando de distanciarnos de esa racionalidad instrumental y capitalista. Es ahí que Aníbal vuelve sobre Mariátegui, a cuyo pensamiento desde sus inicios dedicó una especial atención(5). Y encuentra, o cree encontrar en él, los esbozos de otra racionalidad, de una racionalidad que llamó “histórica”(6). Obviamente, esa racionalidad requiere de un sujeto, que Aníbal va a tratar de auscultar en nuevas prácticas populares que surgen a raíz de los cambios y la “nueva heterogeneidad” que tiene lugar en América Latina(7). Lo relevante es que no se trata de una creencia mesiánica, sino de una mera posibilidad. No es un “trasplante” a la ciudad de “ancestrales prácticas comunales”, sino una creación moderna, realizada por sujetos que pueden o no tener un trasfondo andino, y que aun teniéndolo pueden o no basarse en éste, sino realizar una creación heroica en sus circunstancias presentes.
Esta mirada va a acompañada de una base teórica mucho más plural. El mundo social ya no es visto a partir de la producción, como si ésta fuese el núcleo del cual germinaría todo lo demás. Aníbal esbozó un planteamiento en el cual propone cinco dimensiones, interrelacionadas pero irreductibles la una a la otra: sexo, trabajo, subjetividad, autoridad y naturaleza. Las menciono a partir de lo que expuso en una charla memorable sostenida con profesores de Ciencias Sociales de la PUCP, un 31 de octubre del 2007.De las impresiones que saqué de esa reunión transcribo unas líneas que escribí inmediatamente después, no destinadas a publicarse,y que hice circular entre los colegas:
“Distinguir dimensiones, sopesar su propia textura, y buscar sus entrelazamientos, me parece la mejor forma de razonar sobre la vida social. Creo que supera, saludablemente, a la tendencia hegeliano-marxista de reducir –desprender- toda la realidad a partir de una sola dimensión. Claro está, apartarse de esta visión no significa tener que negarse a ver el peso abrumador de alguna de estas dimensiones sobre las demás, en alguna configuración socio-histórica específica. Tal es el caso, en el capitalismo, del trabajo, y en particular el trabajo excedente convertido en capital y acumulación. La ‘colonización’ que la economía hace de la realidad social es un hecho, que el pensamiento de Marx reconoce y recorre plenamente, pero el cual, si va a ser fiel a su horizonte liberador, debe procesar críticamente: no podría suponer que esa fuerza colonizadora debiera seguir existiendo en una forma socio-histórica alternativa.
"Lo que es más claro, sin embargo, es este patrón que tiende hacia la homogeneidad, y que por tanto se muestra desde 'incómodo' hasta intolerante y genocida frente a la heterogeneidad y la diversidad".
Así mismo, pondero la propuesta de entender el poder como una relación que articula dominación, explotación y conflicto. Esto permite escapar de imágenes del poder muy homogéneas y ‘sistémicas’, que fácilmente terminan en versiones conspirativas de la realidad y la historia, donde todo siempre ocurre de la mejor manera para las cúpulas en el poder. Creo que en diversos textos, antiguos y nuevos, Aníbal no escapa a este problema, pero lo importante es que posee los medios intelectuales para enfrentarlo”.
Es muchísimo más lo que cabría destacar de la obra de Aníbal, amén de mencionar su vinculación con iniciativas como el Foro Social Mundial(8). Quiero terminar señalando una de muchas formas en las que su obra puede y debe ser continuada-como no podría ser de otra manera- combinando acogida y confrontación.
Uno de los aportes que encuentro en la visión de Aníbal sobre la modernidad es haber subrayado el tipo de dualismos que ella contiene. Si bien múltiples culturas reconocen oposiciones y complementariedades –como “el Yin y el Yan”- en Occidente, y sobre todo en Occidente moderno, en cada dualismo uno de sus polos es el “verdadero”, mientras que el otro queda en una condición “residual”. Véanse los siguientes ejemplos:
- moderno / tradicional
- individuo / sociedad
- privado / público
- capitalismo / no capitalismo
- adquirido / adscrito
- racional / no racional
- masculino / femenino
- occidental / no occidental
- bien / mal
La lista puede extenderse indefinidamente. Aníbal colocará en la cúspide de estos dualismos el racial: blanco / no blanco. No es un planteamiento ni autoevidente ni incontrastable, pero él ha buscado sustentarlo históricamente y por tanto puede ser discutido. Por ende, y sobre esa base, mi punto de vista es el siguiente: detrás de cada uno de tales dualismos jerárquicos –por tanto lo que voy a plantear tiene las debilidades de toda inducción- subyacela búsqueda de la homogeneidad. Ello puede verse en las tesis, que al parecer Aníbal no conoció, de David Goldberg sobre el “Estado racial” que sería característico de Occidente moderno: una nación, un idioma, una religión, una cultura, un Estado, una ley; finalmente, una raza(9).
Es posible entresacar de aquí la existencia de un patrón cultural que tiende hacia una homogeneidad absoluta, en todo orden de cosas. Max Weber lo entendería como el desarrollo de una racionalidad posible entre otras, aunque él quizá la colocaría como “la más racional” entre todas. Es decir, la búsqueda de una sistematicidad reductora.
Si el dualismo blanco/no blanco tiene o no el privilegio epistemológico e histórico que Aníbal le adjudica, ello queda sujeto a debate. Lo que es más claro, sin embargo, es este patrón que tiende hacia la homogeneidad, y que por tanto se muestra desde “incómodo” hasta intolerante y genocida frente a la heterogeneidad y la diversidad. Como puede verse, esto comprende al capitalismo, a la vez que va mucho más allá, y permite preguntarse qué principios de organización alternativos cabrían para cada una de las dimensiones que Quijano ha diferenciado, u otras que pudiésemos descubrir. Se comprenderá fácilmente el inmenso alcance cognitivo, filosófico y moral que aquí se encierra.
No sé si plantear así las cosas tendrá suficiente sustento. Por ahora llego hasta aquí, y me parece fascinante. Esta es la deuda impagable que tengo con Aníbal Quijano. Es el tipo de deudas con las que uno puede vivir y morir feliz.
(Lima, 31 de mayo del 2018).
Notas:
(1) Carta de José María Arguedas a Pierre Duviols, del 30 de abril de 1959. Carmen María Pinilla (ed.): Itinerarios Epistolares. La Amistad de José María Arguedas y Pierre Duviols en Dieciséis Cartas, pp. 49-50. Fondo Editorial, Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima 2011.
(2) Guillermo Rochabrún: “La Reinvención de Aníbal Quijano” Hueso Húmero No 64. Lima, setiembre 2015.
(3) Aníbal Quijano: Imperialismo, Clases Sociales y Estado en el Perú 1890-1930. Mosca Azul Editores. Lima, 1978 y 1985.
(4) En varios escritos de Aníbal se encuentran ásperas menciones al “materialismo histórico”, como en “Colonialidad del Poder y Clasificación Social” (2007), incluido en la antología de Danilo Clímaco: Aníbal Quijano: Cuestiones y Horizontes. Ver p 290 y ss. CLACSO, Buenos Aires 2014.
(5) La primera publicación de Aníbal fue la antología Ensayos Escogidos de José Carlos Mariátegui (1956), hecha cuando además de La Escena Contemporánea (1925) y 7 Ensayos (1928) de Mariátegui solamente se habían publicado El Alma Matinal (1949) y La Novela y la Vida (1955).
(6) La idea de una “racionalidad histórica”, construcción simétricamente antitética a la “racionalidad instrumental” se encuentra en los primeros escritos que desembocan en la colonialidad del poder: Modernidad, Identidad y Utopía en América Latina. Sociedad y Política Ediciones, Lima 1988.
(7) Aníbal Quijano: La Economía Popular y sus Caminos en América Latina. Mosca Azul Editores, Lima 1998.
(8) Para otra semblanza de Aníbal, hecha desde una experiencia muy diferente a la mía, véase el artículo de Rita Segato “Aníbal Quijano y la Perspectiva de la Colonialidad del Poder” incluido en su libro La Crítica de la Colonialidad en Ocho Ensayos. Y una Antropología por Demanda. Prometeo Libros, Buenos Aires 2015.
(9) David Theo Goldberg: “Racial States”, en David Theo Goldberg and John Solomos (eds) A Companion to Racial and Ethnic Studies. Blackwell, 2002. He encontrado esta misma dualidad asimétrica en la estructura de las ciencias sociales. La Economía privilegia lo privado, mientras que lo público le es un rincón incómodo; la Ciencia Política tiende a lo contrario, aunque vacila ante la dualidad Estado-ciudadano. La Antropología es muy clara frente a la dualidad entre Occidente y “lo otro”. La Sociología es el campo de “lo adscrito”, aunque es dubitativa frente a “lo adquirido”, a los que tiende a traslapar con “lo estructurado” y “la acción”. Inversamente la Historia privilegia lo contingente frente a lo estructurado. Bajo su forma actual todas estas ciencias se constituyeron, no por casualidad, a fines del siglo XIX. Desde entonces a la fecha han sido el escenario de ensayos tan reiterados como infructuosos para superar esos “falsos dualismos”.
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Fuente: Ideele: https://revistaideele.com/ideele/content/mi-deuda-impagable-con-an%C3%ADbal-quijano

domingo, 17 de julio de 2016

PARA ENTENDER EL MIEDO

MIEDO, MEMORIA Y FUTURO

      "Crece el mal por razones que ignoramos y es una inundación con propios líquidos...Señor Ministro de salud: ¿que hacer?" -Los nueve monstruos- Cesar Vallejo 

La cotidiana, abundante y detallada dosis informativa sobre hechos delictivos, violencia y muerte, generan una creciente sensación de inseguridad y miedo. Pero no solo eso. Generan también oportunidades de negocio  no solo para el mercado de la seguridad y sus dispositivos tecnológicos, sino que también propicia la corrupción por las medidas de urgencia que se dictan sin control para enfrentar la inseguridad. Pero sobre todo, pavimentan el camino hacia el control total sobre la población, mediante la identificación biométrica (la marca de la bestia), que permite la ubicación y aniquilamiento selectivo no solo de los delincuentes sino también, de quienes resulten incómodos para el poder, cualquiera que este sea.

La codicia, la violencia y el miedo son los verdaderos nombres de la competitividad, la eficacia y la eficiencia, que son los motores del capitalismo neo liberal cuyo verdadero rostro es necesario desvelar. Intentaremos aquí, aproximarnos al miedo, señalando algunos de sus efectos, usos y beneficios, para entenderlo en su complejidad.

En palabras de la historiadora Claudia Rosas Lauro[1]: “El miedo se define como un sentimiento de inseguridad frente a una amenaza identificada, que puede ser real o ficticia. Es decir, podría no existir tal amenaza, pero se percibe como un elemento perturbador que pone en riesgo nuestra seguridad…los miedos pueden ser instrumentalizados por el Estado, la Iglesia, los grupos de poder económico o los partidos políticos para lograr sus propios fines. Para ello, son difundidos por medios de comunicación no solo mediante noticias, sino también rumores o datos falsos que alimentan los temores y se conectan con prejuicios y estereotipos de la población.[2]” 

El miedo que habita en los seres vivos acompaña al animal humano desde el comienzo de su historia. La necesidad de asegurar su existencia enfrentó a  los primeros humanos con los riesgos de su entorno ambiental. La inseguridad resultante de esa tensión le obligo a desplegar su inventiva para sobrevivir en el medio hostil. Hubo necesidad de pasar de la manada, de la horda a la tribu, a la comunidad; y de imaginar divinidades propicias que le protegiera de las amenazas a su existencia. Organización social y religiosidad fueron herramientas indispensables para sobrevivir. Como individuos solitarios, competidores y profanos difícilmente hubiera podido hacerlo y  escalar su desarrollo. A partir de un cierto momento, el miedo empezó a ser utilizado como instrumento de dominación. La aparición de la propiedad privada, la familia patriarcal y el estado, necesitó justificarse como mandato divino –nuevos dioses “únicos y verdaderos” desplazaron a las antiguas divinidades naturales, simbolizando el cambio hacia las sociedades disciplinarias que han  permanecido hasta hoy, pero que ya resultan inadecuadas frente a los procesos de integración económica mundial, la incesante urbanización/desruralización y el acelerado despliegue de las nuevas tecnologías que amplían el campo de lo posible.

La civilización del capital requiere de un nuevo orden mundial para orientar los procesos en curso hacia su finalidad suprema: La rentabilidad de sus negocios. Habiendo agotado ya todas sus promesas de Democracia y Libertad, proclama hoy  la Seguridad como pretexto para hacerse del control total de los recursos necesarios para la continuidad de su poder en todo el planeta[3].

Guerras, terrorismo, delincuencia, desempleo, epidemias,  entre otros, son los nuevos círculos del infierno que actualizan el miedo como fenómeno universal. El castigo eterno, esgrimido por el poder en la edad media, fue contestado y reemplazado por el reino de la razón, el individualismo y la idea de progreso de la modernidad colonial. Pero el reinado de la razón instrumental de “el fin justifica los medios” ha devenido ya en razón cínica[4] del “todo vale para triunfar”.

Todos los ámbitos de la actividad humana (salud, educación, cultura, etc) son invadidos por la lógica de la mercancía, pero además, se formatean las conciencias modelando los deseos de los individuos para que sigan ciegamente las tendencias del mercado como antes los rebaños iban en pos de su alimento. El capitalismo necesita fabricar consumidores que absorban lo que produce[5]; pero como ya no puede asegurar el pleno empleo ni un ingreso para todos, aparece la trasgresión (y el delito) convertida en un mal necesario para la civilización del capital. La inseguridad creada obliga a los ciudadanos a replegarse en un individualismo feroz, renunciando a su propia libertad en nombre de la seguridad. Este miedo a la libertad les impide ver la descomposición social[6] y el laberinto sombrío en el que nos encontramos sumidos. La seguridad se convierte en el negocio del momento. El neoliberalismo es una contrarrevolución capitalista que promueve la restauración de la barbarie como modelo de acumulación de capital, en donde impera la ley del más fuerte, del más astuto, del más rufián; con el despojo, la estafa y el crimen como modalidad operativa.

El miedo en el Perú es una pesada herencia colonial. El terrorismo evangelizador aplicado mediante la extirpación de idolatrías sentó las bases de esa cultura del miedo que nos acompaña hasta hoy, sintetizada en esa frase acuñada en la época de las haciendas: “Calla, reza y trabaja”. La violencia y el silenciamiento son los pilares del mal llamado “principio de autoridad”. La adjetivación descalificadora de “idolatra”, “hereje” o “infiel” de ayer se ha convertido en “antisistema”, “antiminero” o “terrorista” de hoy, utilizadas para señalar a quienes el estado/mercado considera enemigos y es un eficaz instrumento de castración intelectual aplicado por los inquisidores de todos los tiempos, impidiendo una reflexión seria sobre el destino de nuestro país.

La inoculación del miedo resulta eficaz por la  precarización de las condiciones de existencia (empleo, educación, salud, etc), que multiplica los riesgos y reduce las protecciones. La mercantilización de la vida social convierte todo vínculo en una relación de costo/beneficio, que sustituye la confianza y cooperación por rivalidad y competencia. Las aspiraciones de mayor consumo requieren de un mayor ingreso que obliga a reducir los tiempos compartidos de los afectos, de los cuidados, y de la vida familiar. La publicidad que estimula el consumo es la misma que instituye el miedo a perder y su manipulación.

¿Y cómo enfrentar al miedo?
En su trabajo sobre EL TERROR COMO EJERCICIO DEL PODER, Augusto Castro[7] señala que el miedo a la muerte es el miedo por excelencia y su manipulación para consolidar, legitimar o conquistar el poder es una forma de terror. Partiendo de esta constatación propone una alternativa considerando una perspectiva ética: SABER VIVIR, JUSTIFICANDO NUESTRA VIDA, en donde el “no tener miedo a la muerte” signifique EL PLENO RECONOCIMIENTO DE LA VIDA A PESAR DE SU LIMITE Y PRECARIEDAD cuya meta sean LA PAZ y EL BUEN VIVIR, garantizando la diversidad y en especial, protegiendo a los más vulnerables y promoviendo a quienes hasta hoy están excluidos de las oportunidades.

¿Y cómo materializar esta alternativa?
Recogiendo el legado de nuestra Cultura Andina prehispánica para imaginar un futuro más allá de esta civilización predadora y consumista. Para salir de este laberinto necesitamos desmontar esa cultura del miedo. Necesitamos reconocer que vivimos una guerra entre la lógica de la mercancía y la lógica de la naturaleza que en 500 años no ha podido cortar nuestras raíces. Necesitamos abrir espacios de encuentro y conocimiento para defender la vida, promover la paz y garantizar el respeto a la diversidad.

Como Colectivo Cultural asumimos la Misión de sembrar lo bueno de lo nuevo y lo mejor de lo que hubo antes de lo cristiano occidental. Pero antes, remover el ambiente en el que vivimos, aireándolo con el encuentro de las diversidades, el conocimiento, la reflexión y la discusión. En las próximas ediciones de TARPUY iremos discutiendo la forma en que opera la cultura del miedo en el Perú aplicando el concepto de Inteligencia Colectiva, basados en el convencimiento de que nadie lo sabe todo y que todos sabemos de algo, que puede aportar valor al conocimiento general, avanzando del “Yo pienso” al “nosotros pensamos”, forjando nuestra Memoria Histórica como herramienta de transformación.

Calixto Garmendia

Lima, julio 2016



[1] Claudia Rosas Lauro, Doctora en Historia por la universidad de Florencia, Italia. Ha editado EL MIEDO EN EL PERÚ, siglos XVI al XX,  Fondo Editorial de la PUCP, 2005
[2] MIEDO Y ELECCIONES EN EL PERÚ, por Claudia Rosas Lauro, EL COMERCIO,  jueves 31 de marzo del 2016.
[3] El INFORME CHILCOT sobre la intervención en Irak muestra que la política de CONMOCIÓN Y PAVOR es una estrategia imperial
[4] CINISMO,  CORRUPCIÓN Y VIOLENCIA EN EL PERÚ. Julio Mejía Navarrete. YUYAYKUSUN. Revista del Departamento de Humanidades de la Universidad Ricardo Palma. Nro 7 – Noviembre 2014
[5] EL DESEO SINGULAR, Bernard Stiegler,
ARTE REI, Revista de Filosofía, nro 74, marzo 2011
[6] SOCIEDAD DESCOMPUESTA, Francisco Durand, 04/09/2015, Semanario “Hildebrandt en sus trece”
[7] EL TERROR COMO EJERCICIO DEL PODER, Augusto Castro Carpio, Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tokio, Director del Instituto de Ciencias de la Naturaleza, Territorio y Energías Renovables (INTE-PUCP) y Coordinador del Grupo de Investigación Ética, Ambiente y Sociedad.

martes, 15 de marzo de 2016

EL MIEDO EN EL PERU



INSEGURIDAD Y MIEDO


Los vientos de crisis que soplan sobre el escenario global y el desborde delincuencial que aquí amenaza la seguridad de las personas, hacen propicio el retorno de la lógica del terror, amparada en la amnesia proverbial de los peruanos. Con ella, el miedo se convierte en un eficaz instrumento de manipulación y control, que paraliza a los ciudadanos dificultándoles ver la descomposición social[1] y el laberinto sombrío en el que nos encontramos atrapados.     

Las estadísticas[2] muestran que la delincuencia ha crecido en relación directa con el crecimiento económico habido desde la última década del pasado siglo; pero también evidencian que la vinculación entre delincuencia y poder no es un hecho reciente, tal como lo muestra el trabajo del historiador de la economía,  Alfonso W. Quiroz[3]. La corrupción, el abuso y el crimen vinieron inscritos en el ADN de los encomenderos cristianos europeos que fundaron el Perú bajo el signo de la codicia.

La visión fragmentada de la realidad presenta los hechos desvinculados de la totalidad que conforma la existencia social de los peruanos, permitiendo su distorsión  y manipulación.

Esa visión fragmentada de la realidad podemos encontrarla en la conflictividad latente debajo de la idea del “progreso”, cuyos proyectos ocultan tanto la destrucción ambiental y del patrimonio cultural como la degradación de las condiciones de vida de las poblaciones que habitan en el entorno de los yacimientos o espacios codiciados. La magnitud de este daño no se hace visible debido a la ceguera causada por el mito de que “el Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”, que sigue siendo el sentido común dominante que nutre esa idea del “progreso”.

La incertidumbre vital, resultante de la precarización de las condiciones de existencia (trabajo, educación, salud, etc)que multiplica los riesgos y reduce las protecciones, es presentada como una “oportunidad” para el triunfo de los individuos competitivos, capaces de alcanzar el éxito a cualquier precio. La fiebre del “emprendedurismo” puede dar fe de ello.

La mercantilización del tiempo libre, que expropia los tiempos compartidos de los afectos, de los cuidados, de la vida familiar, erosionando la calidad de vida cuyo deterioro crece conforme crecen las aspiraciones de consumo y de mayor ingreso, conformando una espiral destructiva del entorno ambiental. Convergiendo con la reducción del tiempo familiar compartido, está el incremento de la densidad poblacional en el espacio físico de las viviendas; la desaparición de los espacios públicos de recreación y la proliferación de centros comerciales, que van de la mano con el incremento de sumideros conductuales (adicciones, pederastia, feminicidio, entre otros).

Si el futuro es hoy, este es el futuro al que nos ha traído esa idea del “progreso” impuesta bajo la lógica del capital. Nos interesa el futuro, porque es allí donde van a vivir nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Creemos necesario modificar radicalmente este presente, disipando temores y despejando el horizonte para construir un futuro diferente.

El miedo y la angustia crecen allí donde la precariedad y la incertidumbre son el pan de cada día[4]. Sin un ingreso que permita una calidad de vida acorde con nuestra dignidad humana, el miedo inducido cumple su función de ablandar resistencias y someter la voluntad de las personas. El miedo es un reflejo natural con el que los seres humanos  reaccionan ante situaciones de riesgo. En un individuo sano, el miedo puede ser un catalizador de sus potencialidades y la eficacia de su respuesta será mayor en la medida en que sea capaz de actuar cooperativamente con quienes se encuentran en condiciones semejantes[5]. Sin embargo, nuestra realidad ambiental cotidiana dista mucho de reunir las condiciones mínimas de salubridad. Según  la Organización Mundial de la Salud, la salud mental es “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.[6].

El actual paradigma  de competitividad, excelencia y meritocracia forma predadores solitarios capaces de vender hasta su alma por lograr la ganancia inmediata, tener éxito y aparentar lo que no son. Esta “cultura logrera” , impuesta con una infraestructura educativa miserable, programas de estudios recortados y docentes en la más absoluta precariedad -en un país racista y excluyente-  viene mostrando sus resultados en la proliferación de pandillas, sicarios, traficantes de todo tipo y corrupción a todo nivel, que en palabras del Dr. Andrés Zevallos[7], prestigioso psiquiatra, configuran una epidemia de salud mental.

Las soluciones de “mano dura”  reflejan la  incapacidad del Estado peruano para conducir la formación de las futuras generaciones con  vocación democrática e identidad nacional. El Bicentenario de la república encontrará la educación nacional con un número muy reducido de instituciones educativas que cumplen con los estándares internacionales y una inmensa mayoría atrapada entre el espanto de sus carencias y las ilusiones de la publicidad.

Para salir de este laberinto necesitamos aprender a orientarnos  a partir de la recuperación de nuestra Memoria Histórica, para reconocer que esto no siempre fue así, que no todo está perdido y que de nosotros mismos depende remontar esta situación.

En las próximas ediciones de TARPUY, iremos discutiendo las siguientes cuestiones: ¿Qué es el Perú? ¿Existe el Perú como Nación? ¿Es el Perú Chicha una alternativa consistente y viable frente al Perú criollo colonial? ¿Hasta cuándo persistirá la herencia del primer Gonzalo?

Calixto Garmendia

Lima, marzo 2016





[1] SOCIEDAD DESCOMPUESTA, Francisco Durand, 04/09/2015, Semanario “Hildebrandt en sus trece”
[3] “La historia de la corrupción en el Perú”, Alfonso W. Quiroz, IEP, 2013
[4] LAS AMARRAS DE LA ANGUSTIA,  Aracelly Fuentes, 08/10/2014, http://divaneos.com/las-amarras-de-la-angustia/
[5] EL MIEDO COMO INSTRUMENTO DE PRESION,  Xabier F. Coronado, http://www.jornada.unam.mx/2011/10/30/sem-xabier.html