sábado, 14 de diciembre de 2019

BICENTENARIO

LA EXTIRPACIÓN DE IDOLATRÍAS CONTINÚA




"Dicen que no sabemos nada, que somos el atraso, 
que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor..." 
LLAMADO A ALGUNOS DOCTORES
J. M. Arguedas

Dicen los libros de historia que aquí, en nuestro territorio y antes de que llegaran los cristianos europeos, existió una cultura andina que alcanzó grandes logros “…cuyo dominio ambiental autoregulado demandó a nuestros antepasados más de 5,000 años de experimentación y proveyó otros 5,000 años de aprovechamiento y desarrollo a costos y beneficios sostenibles e inclusivos hasta 1532”[1]. ¿Qué es lo que ha tenido que ocurrir para que, 500 años después de iniciado el proceso civilizador cristiano occidental nos encontremos como hoy lo estamos?

La invasión cristiana europea puso nuestro mundo de revés no solo por la dominación colonial que impuso una jerarquía de base racial sino, por la imposición de un permanente conflicto entre la realidad y nuestra conciencia a través de la "extirpación de idolatrías", conocida después como "evangelización", escindiendo nuestro ser entre lo que realmente somos y lo que ellos dicen que deberíamos ser.

Se dice que constituimos una nación, que somos una república, que vivimos en un régimen democrático. Pero seguimos siendo un territorio parcelado, una sociedad fracturada y desigual, donde la mayoría sobrevive a duras penas y los grupos privilegiados quieren más poder; con miradas e intereses en conflicto, siempre   gobernados por “hortelanos blancoides” que tratan como “perros” a la mayoría de sus ciudadanos. ¿Qué tipo de nación es el Perú?

En la anterior edición de Tarpuy nos preguntábamos: ¿Qué es el Perú? ¿Quiénes son los peruanos?, preguntas que adquieren sentido cuando se hacen desde el lugar que ocupa el ciudadano de “a pie”, sin derechos, que trabaja, produce y se realiza en la informalidad –urbana o rural- despojado constantemente de sus medios de vida, acosado por la autoridad y que solo cuenta como dato estadístico para las ofertas de mercado o para votar en elecciones.


Un balance ilustrativo del primer centenario de vida republicana se resume bien en “Cien años de vida perdularia”[2] que es una sátira de esa atmósfera de fanatismo, ignorancia, ociosidad, ambiciones y corrupción en que transcurrió, terminando en la “república aristocrática”, reemplazada por el proyecto de la “Patria nueva” que llegó de la mano de las inversiones extranjeras en minería e infraestructura, prometiendo modernidad y desarrollo.




EL COMERCIO,  07 de diciembre del 2019


“Perú, país minero” ha sido desde entonces, el sustento de esa “ideología del desarrollo” que mediante inversiones extranjeras y obras de infraestructura, han vertebrado la vida nacional. La Oroya, Cerro de Pasco, sus inmensas pampas, el río Mantaro y las lagunas de las alturas de Junín sin vida, por los humos y residuos de la fundición, son elocuentes testigos de lo que las inversiones mineras han significado para la naturaleza y para nuestra población.

Al acercarnos al bicentenario, vemos como los mismos viejos problemas de dominación, explotación y exclusión siguen siendo lo característico de nuestro paisaje social.

¿Cómo pensar un país desbordado por la delincuencia cotidiana que crece al amparo de autoridades corruptas y de una justicia prostituida?, ¿Cómo entender a esa élite que dirige al país, mirando por encima y desde lejos a quienes no son de su condición?

Es este ambiente de violencia y desorden el medio propicio para imponer las políticas de despojo que hemos visto desplegarse a lo largo de nuestra historia. La manipulación y el miedo como instrumentos para anular nuestra capacidad de reflexión y respuesta, conduciéndonos a una situación de desgobierno, incertidumbre y de “sálvese quien pueda”.
En los versos finales de “Los nueve monstruos” Vallejo se preguntaba: “Señor ministro de salud, ¿Qué hacer?” y a pesar de que su respuesta ha sido repetida en innumerables actos oficiales, las autoridades del Estado han sido incapaces de entender su significado. Queda pues, en manos de los jóvenes que hoy se acercan a su lectura, asumir la responsabilidad que demandaba el poeta.
¿Y que puede significar para nosotros ese “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”? Desde el ámbito de la educación pública necesitamos reconocer en que situación nos encontramos, hacia donde queremos ir y que es lo que podemos hacer.
El estado de la educación y de la salud pública, así como de las obras y servicios directamente vinculados con la calidad de vida de las personas, constituyen una eficaz radiografía de la exclusión, explotación y dominación que señalamos como lo más característico de nuestro paisaje social. 
¿Podría alguien cuestionar seriamente la naturaleza excluyente y violenta de la realidad social en el Perú? Sin embargo, en los discursos oficiales se sigue contando una historia que no es la nuestra, constituyéndose así en una especie de “agujero negro” cuyo “horizonte de sucesos” no es posible conocer desde la educación oficial formal.
Todo ese menú de violencia, corrupción y cinismo que, como pan de cada día, la población consume a través de los medios de comunicación, constituyen un eficaz dispositivo para la esquizo cognición que des-educa a nuestros jóvenes, incapacitándolos para entender su realidad y responder a sus retos, conduciéndolos a perversos desvíos. La contaminación material de aires, aguas y suelos no se puede enfrentar con eficacia porque la contaminación psíquica ambiental anula toda capacidad de reflexión y respuesta.
Un persistente lavado de cerebro, generación tras generación, bajo el nombre de “evangelización” ha logrado despojarnos  de nuestra autoestima haciendo que queramos ser como ellos. Los valores y modelos de vida que nos han impuesto nos tienen sumidos en la corrupción y violencia. La extirpación de idolatrías continua hasta hoy con nuevos nombres. Hoy se llama “crecimiento económico” mediante la competitividad, el lucro y la ganancia.
En la sexta edición de Tarpuy proponíamos mirar el “desborde popular” como “un proceso de aprendizaje para la Autonomía y Autodeterminación” si nos apoyábamos en las tradiciones milenarias de reciprocidad y cooperación, distintas del individualismo competitivo de la modernidad colonial. Aquí reside la oportunidad que necesitamos forjar.

En el mundo de hoy, los modelos y valores impuestos por la modernidad colonial en su fase neo-liberal, empiezan a ser cuestionados: La “competitividad” solo produce mayor desigualdad. El progreso tecnológico acarrea mayor desempleo, destrucción medioambiental y la posibilidad de un transhumanismo que nos aniquile por completo. La autoridad del Estado solo se ejerce contra los reclamos y protestas de la gente, siendo ineficaces para combatir la delincuencia, especialmente la de más alto nivel. En nuestro continente, una cosa es cierta: La economía criminal ha alcanzado una preponderancia tal, que amenaza la existencia de los Estados-Nación. México y Colombia son un ejemplo de ello. Y en el Perú, es bueno recordar la triste frase del expresidente ppK: “Un poquito de contrabando no le hace daño a nadie”, que puede entenderse como “la economía criminal proporciona la liquidez que necesita el mercado”.

Nos encontramos ante un callejón sin salida, rodeados de incertidumbre y precariedad, donde lo informal e ilegal ofrecen las oportunidades que la formalidad ya es incapaz de brindar.

Necesitamos reparar el daño provocado por 500 años de guerra psíquica por el control de nuestras mentes y conductas a través de la llamada "evangelización". Necesitamos recuperar nuestra Memoria Histórica para volver a ser lo que realmente somos.

En la tercera edición de Tarpuy señalábamos la necesidad de acometer un trabajo educativo de largo aliento, por fuera, lejos y divergente de la educación oficial formal, a través de lo que denominamos ESCUELAS PARA LA VIDA, con cuatro grandes líneas de trabajo que se hacen necesarias y son posibles:
1.   Recuperación de la Memoria Histórica para tener claridad de un  horizonte al cual mirar.
2.  Impulsar la reconciliación con la naturaleza, para contribuir cada uno de nosotros en el lugar en que nos encontremos, a mitigar los efectos del cambio climático.
3.  Promover la reorganización de la gestión de la vida cotidiana, porque los grandes cambios no van a venir desde arriba –Estado, partidos políticos o caudillos- sino que tenemos que impulsarlo desde abajo, nosotros mismos.
4.  Sentar las bases para la Auto-producción de nuestras condiciones de existencia, porque el empleo productivo y el salariado ya no son posibles en las condiciones actuales y el riesgo de caer en las redes de trabajo para las economías criminales, está siempre al acecho.
Necesitamos entender, aprender y proponer. Es hora pues, de levantarnos y caminar.

Lima, noviembre del 2019

Calixto Garmendia




El lago Chinchaycocha está situado en la Pampa de Junín o Meseta de Bombón, en la región Junín. Por su extensión (abarca 53 mil hectáreas) es el segundo lago más grande del Perú y por su altitud (4 100 m.s.n.m.) es considerado el más alto del mundo. Pese a estas características que motivarían a su conservación, este espejo de agua está muriendo debido a relaves mineros que contaminan sus aguas con plomo, zinc y cobre.



[1] "MODELOS PSÍQUICOS QUE DESGOBIERNAN LA CONCIENCIA Y LA CONDUCTA AMBIENTAL EN EL PERÚ - SIGLOS XVI AL XXI", (P. R. Aco Cataldo, Lima, 2010)
[2] “CIEN AÑOS DE VIDA PERDULARIA”, (Abelardo Gamarra, Lima 1963, edición Casa de la Cultura)

sábado, 27 de julio de 2019

BICENTENARIO....¿DE QUE?

PATRIA MADRASTRA Y FUJI-CONSTITUCION



Mirando hacia el Bicentenario, nos preguntábamos en la entrada anterior: ¿Qué es el Perú? ¿Quienes son los peruanos?, preguntas que solo adquieren sentido cuando se plantean desde una mirada que busca integrar a todos quienes se reclaman ciudadanos de este país nuestro. "Peruanizar al Perú", sigue siendo una tarea pendiente.

Los escándalos de corrupción que ponen en evidencia a bandas criminales controlando la toma de decisiones en las instituciones del Estado constituyen hoy, la mayor amenaza a la existencia del Perú como nación. La permisividad normativa anclada en la Constitución de 1993, que otorga privilegios desmedidos a los inversionistas -blindando sus contratos tramposos en nombre de la "seguridad jurídica"- es la madre de todos los vicios pues, erosiona la confianza ciudadana en las instituciones públicas y su quehacer colectivo, incentivando un individualismo feroz e imponiendo la "ley del mas fuerte" donde la ganancia fácil e inmediata, así como la impunidad, son los principales impulsores de la delincuencia y la inseguridad generalizada. ¿Esto es el Perú?

Al señor presidente le tiembla la mano para imponer la autoridad del Estado a las bandas delincuenciales que -actuando desde el poder económico- controlan las instituciones públicas a través de sus testaferros políticos (evasión y elusión tributaria, concesiones abusivas, corrupción, etc.). Sin embargo, no ha vacilado en imponer "mano dura" contra las poblaciones que rechazan las inversiones extractivistas o de infraestructura  que las afectan. ¿A quien sirve el Estado peruano?

El proyecto minero “Tía María” es hoy, la metáfora del Perú. Aquí están expresadas las visiones y desencuentros entre los peruanos, de cómo la patria que debería ser para todos es apenas un botín para los de siempre. Y el Estado, que debería condensar la diversidad de la nación, se comporta como la auténtica madrastra frente a las mayorías nacionales y en especial, frente a quienes considera "ciudadanos de segunda". ¿Quiénes son los peruanos?

El Estado peruano, a través del gobierno central, ha decidido que el proyecto minero debe llevarse adelante, presionado por la clase empresarial y la urgencia de recuperar su ritmo de crecimiento. Asegurar las ganancias de los inversionistas es más importante que el futuro de los ciudadanos que viven de la agricultura. No importa que para ello se dejen de lado las observaciones técnicas a los estudios de impacto ambiental, ni que la salud de las familias afectadas quede expuesta por la contaminación ambiental, como ha ocurrido con las poblaciones vecinas a las explotaciones de Toquepala, Cuajone y otras -en todo el país-, que sufren los efectos de más de un siglo de explotación minera "moderna".

El caso “Tía María” se replica en todos los proyectos de inversión (minera, forestal, pesquera, de agro exportación o de infraestructura, entre otros) en el que son afectados territorios con sus eco sistemas y poblaciones, con el argumento del “desarrollo” cuando en realidad se trata de una política de subordinación, despojo y empobrecimiento deliberado. No es casual que las regiones con mayor cantidad de explotaciones mineras sean también, las mas pobres del país.

Frente a ello, dada la multiplicidad y extensión de  los conflictos, se hace necesario extraer las lecciones de cada caso y elevarlas al nivel de reflexión que permita elaborar una Teoría para la acción, buscando coordinar las resistencias formulando una línea política en defensa del Bien Común: Agua, Tierra, Aire, Salud, Alimentación, Educación y Organización.

!POR UNA NUEVA CONSTITUCIÓN QUE RECONOZCA A LOS PUEBLOS Y REGIONES SU DERECHO A LA AUTODETERMINACIÓN Y AUTO GOBIERNO!

Calixto Garmendia

Julio 27 del 2019

sábado, 8 de diciembre de 2018

PREGUNTAS NECESARIAS




RUMBO AL BICENTENARIO: Preguntas necesarias

“...mirarse desde una nueva mirada...un modo para dejar de ser lo que nunca hemos sido.” Aníbal Quijano


El pasado 10 de noviembre, en Ayacucho, el Jefe de Estado presentó la "Agenda Bicentenario 2021", haciendo un llamado a creer en la posibilidad de hacer del Perú un país grande y digno, independizado del yugo de la corrupción. Desde el lugar que ocupamos y la función que cumplimos en la sociedad, nos preguntamos: ¿Como hacer realidad esta propuesta?

A lo largo de la vida republicana hemos visto repetirse una y otra vez el lamentable ciclo de prosperidad falaz que comienza con llamados a la unidad nacional y el sacrificio de todos, seguido de bonanza para unos pocos y limosnas para los más, generando protestas, conflictos que se desbordan, violencia y escándalos de corrupción como resaca de las promesas incumplidas.

A los “Cien años de vida perdularia” (1918) que satirizaba El Tunante, Abelardo Gamarra, tenemos que añadirle otros cien años más en los que hemos comprobado el fracaso de modelos que parecían antagónicos,  el de control estatal y el de libre mercado. Ambos implicaron intereses opuestos a los del conjunto de la sociedad, incompatibles con la equidad, solidaridad, libertad y democracia.

En la octava edición de  TARPUY se planteaba la pregunta: ¿Qué significa Emancipación? Y se proponía entender esta como el paso de una situación de dominación a otra de Libertad. Caracterizando la primera por la “heteronomía” y la segunda, por la “autonomía”.
Siguiendo la perspectiva abierta en las anteriores ediciones, se plantean aquí algunas preguntas necesarias para abrir un debate que estimule el conocimiento y la reflexión, que al mismo tiempo provea a los jóvenes de las herramientas necesarias para la construcción de un horizonte de autonomía y plenitud.

Nos interesa reflexionar sobre: ¿Qué es el Perú?, ¿Quiénes son los peruanos?, ¿De qué modo nuestra biografía personal/familiar está inserta en el proceso histórico?, ¿Qué horizonte de futuro avizoramos hoy?, ¿Cómo ser mejores para mejorar nuestra comunidad?

Esto implica conocernos y conocer nuestra historia evidenciando los hechos y los rasgos típicos de la vida peruana; identificar como impactan sobre nuestras vidas los problemas de hoy y la incertidumbre del futuro; y sobre todo, afirmar un "Vector ético" en las conductas y prácticas cotidianas que nos permita revertir la contaminación psíquica ambiental dominante. 

Calixto Garmendia

Lima, noviembre 2018





miércoles, 25 de julio de 2018

BICENTENARIO...¿DE QUE?


¿Que pasa, tierra mía, que está pasando?
Ay, desgraciadamente,
Perú, con odio tu nombre escribo.
Manuel Scorza (Gorrión dulcísimo - Las imprecaciones)




MEMORIA Y HORIZONTE



Oh mendigo, 
sirviente inmenso
que te arrastras ante los cerdos
que chapotean en esta charca de los gemidos.
Respóndeme:
¿Fuiste torrente para ser pantano?



PATRIA TRISTISIMA
                                                                         Manuel Scorza



Ay, Perú, patria tristísima.

Si yo llamara al padre
y al padre padre hasta el padre más antiguo
para que me mostrara la dicha,
toda la felicidad que aquí sonó
cabría en un pañuelo.
Oyeme, patria:
yo como tú estoy hecho con el metal del humillado.
En las sierras se muerden la nieve
hombres amargos como yo;
en las aldeas tropiezan con su pecho
hombres heridos como yo;
en pueblos pálidos se buscan entre las cáscaras
desgraciados como yo.







viernes, 15 de junio de 2018

PENSAMIENTO CRITICO

Mi deuda impagable con Aníbal Quijano

Por Guillermo Rochabrún

15 de junio, 2018.- Debo a dos personas mi formación y mi perspectiva en las ciencias sociales: a Frits Wils y a Aníbal Quijano. Fui discípulo de ambos prácticamente en forma sucesiva; de Frits entre 1968 y 1970 en las aulas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y de Aníbal a partir de 1971, en su hogar y donde fuese menester. Weberiano el primero, marxista el segundo, pero sobre todo modelos de reflexión, de pensamiento crítico, de ejercicio insobornable de las ciencias sociales a través del razonamiento.
Así aprendí a apreciar a los grandes autores –y también a los no tan grandes- más que por sus ideas, por el fundamento de las mismas, haciéndose imperioso entenderlos, dominarlos, hacerlos nuestros, para ser incluso capaces de cuestionarlos. Y aprendí también a escuchar, a reaccionar ante la discrepancia, ante la novedad inesperada o incómoda, pidiendo al interlocutor que se explayase más, acompañándolo en su propio discurso,y llegar con él hasta sus últimas consecuencias. De esa forma, y sólo de esa forma mostraría sus reales fortalezas y debilidades.Frente a mí mismo yo no podría actuar de otra manera.
Fue con esas premisas que, a iniciativa de Aníbal, empecé a estudiar El Capital, obra que por entonces desconocía totalmente, y por la que debido a mi formación en la Sociología académica no había sentido ningún interés. Fue el inicio de un descubrimiento que luego de más de cuatro décadas sigue sin visos de terminar.
Pero ello estuvo acompañado de innumerables ejercicios de la misma naturaleza sobre la historia peruana, o sobre el pensamiento de Mariátegui. Eran los años iniciales del Gobierno Militar, de la sucesión de reformas, del ascenso de las organizaciones populares, de los debates sobre la “caracterización de la formación social peruana” y del Gobierno mismo.Fue un verdadero “laboratorio” en vivo y en directo, que en este “realismo fantástico” llamado Perú fue enfrentado por las izquierdas con un marxismo-creencia. Ese que existía solamente para “confirmar” lo que Marx (y Lenin, y Stalin, y Mao [y Trotski, y…]) siempre habrían sabido…¡¡La locura travestida de razón!!
Había sin embargo otra vena en Aníbal, de la que pronto me aparté, y de lo cual nunca sabré qué fue lo “correcto”. Es lo que llamaría su vena “mesiánica”: su convicción de que potencialmente había en las clases populares un sujeto histórico que era portador de liberación. Este era un término que él no empleaba; lo menciono porque creo que es el que mejor expresa el horizonte hacia el cual él miraba. Aquel mundo en el que soñaba Arguedas, y de cuya presencia en el imaginario de Quijano existe este temprano testimonio del gran novelista:
“¡Estoy feliz! Sentía los más oscuros temores respecto de esa novela [Los Ríos Profundos]. Pero me visitó hace tres días el joven Quijano que tradujo el artículo de Bourricaud sobre Yawar Fiesta; estaba conmovido. Me juró que Los Ríos Profundos lo había curado de su atroz pesimismo. Me dijo, más o menos, ‘mi generación es la del fracaso del APRA, la de la aparente quiebra del Perú traicionado; por eso somos amargos; pero es una amargura por la ignorancia del pueblo; su libro es la versión más intensa y hermosa del Perú y de sus fuerzas germinales’…Me dijo todo lo que había entendido de la novela ¡¡Era más de lo que yo me propuse!!”(1)
Cuando a mediados de los años 80el movimiento sindical clasista peruano entró en una profunda recesión, y la izquierda estaba cercada entre Sendero Luminoso y el orden establecido, Quijano empezó a replantearse todo y llevó a cabo lo que denominé su “reinvención”(2). Fue el origen de su planteamiento sobre la colonialidad del poder, término cuyo significado no es nada obvio. El “poder” es el orden capitalista mundial, y la “colonialidad” es la centralidad, la importancia decisiva que en los orígenes del capitalismo habría tenido lo que poco a poco se fue convirtiendo en su “periferia”. Corolario de esa colonialidad venía a ser el eurocentrismo: la versión según la cual el capitalismo y todo lo que es la modernidad europea, sería resultado de su propio desarrollo autónomo, relegando al resto a una posición receptora, subordinada y racialmente inferior.
En este planteamiento ¿cómo quedaba el marxismo, y en particular el pensamiento de Marx? Era imposible que Marx hubiese escapado inmune al eurocentrismo, a la vez que era claro que en la evolución de sus reflexiones lo fue haciendo. Era cuestión de repensar una y otra vez las viejas y nuevas evidencias, e ir desprendiéndose de los restos eurocéntricos, aunque posiblemente nunca podría hacerse del todo. Pero a decir verdad, al menos desde que conocí a Aníbal, su comprensión de Marx ya lo llevaba por caminos totalmente distintos a ese eurocentrismo inconsciente que es el evolucionismo unilinear de la sucesión de modos de producción. Pero llevaba además a la necesidad de razonar toda realidad desde sus propias determinaciones. Y para ello había que estudiar primero cuáles eran. No: el marxismo no daba conocimiento alguno, sino un método y algunas pistas para conocer. Ahí está en los textos de Aníbal, mucho antes de su “reinvención”, esa lucha por entender la especificidad de América. Como ejemplo vayan estas líneas, escritas en 1973(3):
“La consecuencia más resaltante de esta forma de enfocar el asunto es que algunas de las principales hipótesis recibidas…requieren ser retrabajadas a fondo, en un esfuerzo en que la explicación teórica esté necesariamente atravesada y construida por determinaciones históricas específicas” (p. 18)
“…las hipótesis históricas concretas de la teoría marxista del estado, organizadas sobre la base de la experiencia europea, pueden no ser suficientes para explicar y caracterizar la experiencia política de las sociedades colonizadas, ex-colonizadas o sometidas a las diversas formas específicas de dominación imperialista. No es la tesis central lo que está en cuestión. Son las hipótesis específicas derivadas de esa tesis, lo que debe considerarse en términos históricos. Esto es, la teoría debe atravesar la historia concreta, en el análisis de una sociedad y de un estado concretos.” (p. 60)
¿Pero por qué no estaría en cuestión la tesis central? Tres lustros más tarde Aníbal sería mucho más audaz(4). Sin embargo lo importante no es cualquier audacia, la cual puede no ser sino hueca, formal y retórica. Lo relevante es que sea una audacia creativa, que abra nuevas perspectivas, que ilumine aspectos antes oscuros y apenas presentidos. Y eso fue la colonialidad del poder. Más allá de la exactitud histórica de sus tesis, lo perdurable de este planteamiento es que permite tener una visión de la modernidad europea diferente y fundamentalmente independiente de la que ella se da sobre sí misma. Significa también tomar distancia de su(s) racionalidad(es), aun si sea imposible o innecesario y hasta improcedenteque cortemos con ella todo lazo.
Porque, a fin de cuentas, para quienes de una u otra manera hemos sido criados bajo esa modernidad, cualquier horizonte de liberación en el que podamos pensar tiene una raíz judeo-cristiana-grecolatina. Libertad, igualdad, desarrollo personal, fraternidad universal, horizontalidad entre todos los seres humanos; universalidad: es de ese occidente moderno que lo hemos aprendido. Pensemos simplemente en que fuera de esa matriz no son temas centrales. Pero aun si así lo fuera, para bien y para mal es de Europa que los hemos mamado.
Sin embargo, henos aquí entonces tratando de distanciarnos de esa racionalidad instrumental y capitalista. Es ahí que Aníbal vuelve sobre Mariátegui, a cuyo pensamiento desde sus inicios dedicó una especial atención(5). Y encuentra, o cree encontrar en él, los esbozos de otra racionalidad, de una racionalidad que llamó “histórica”(6). Obviamente, esa racionalidad requiere de un sujeto, que Aníbal va a tratar de auscultar en nuevas prácticas populares que surgen a raíz de los cambios y la “nueva heterogeneidad” que tiene lugar en América Latina(7). Lo relevante es que no se trata de una creencia mesiánica, sino de una mera posibilidad. No es un “trasplante” a la ciudad de “ancestrales prácticas comunales”, sino una creación moderna, realizada por sujetos que pueden o no tener un trasfondo andino, y que aun teniéndolo pueden o no basarse en éste, sino realizar una creación heroica en sus circunstancias presentes.
Esta mirada va a acompañada de una base teórica mucho más plural. El mundo social ya no es visto a partir de la producción, como si ésta fuese el núcleo del cual germinaría todo lo demás. Aníbal esbozó un planteamiento en el cual propone cinco dimensiones, interrelacionadas pero irreductibles la una a la otra: sexo, trabajo, subjetividad, autoridad y naturaleza. Las menciono a partir de lo que expuso en una charla memorable sostenida con profesores de Ciencias Sociales de la PUCP, un 31 de octubre del 2007.De las impresiones que saqué de esa reunión transcribo unas líneas que escribí inmediatamente después, no destinadas a publicarse,y que hice circular entre los colegas:
“Distinguir dimensiones, sopesar su propia textura, y buscar sus entrelazamientos, me parece la mejor forma de razonar sobre la vida social. Creo que supera, saludablemente, a la tendencia hegeliano-marxista de reducir –desprender- toda la realidad a partir de una sola dimensión. Claro está, apartarse de esta visión no significa tener que negarse a ver el peso abrumador de alguna de estas dimensiones sobre las demás, en alguna configuración socio-histórica específica. Tal es el caso, en el capitalismo, del trabajo, y en particular el trabajo excedente convertido en capital y acumulación. La ‘colonización’ que la economía hace de la realidad social es un hecho, que el pensamiento de Marx reconoce y recorre plenamente, pero el cual, si va a ser fiel a su horizonte liberador, debe procesar críticamente: no podría suponer que esa fuerza colonizadora debiera seguir existiendo en una forma socio-histórica alternativa.
"Lo que es más claro, sin embargo, es este patrón que tiende hacia la homogeneidad, y que por tanto se muestra desde 'incómodo' hasta intolerante y genocida frente a la heterogeneidad y la diversidad".
Así mismo, pondero la propuesta de entender el poder como una relación que articula dominación, explotación y conflicto. Esto permite escapar de imágenes del poder muy homogéneas y ‘sistémicas’, que fácilmente terminan en versiones conspirativas de la realidad y la historia, donde todo siempre ocurre de la mejor manera para las cúpulas en el poder. Creo que en diversos textos, antiguos y nuevos, Aníbal no escapa a este problema, pero lo importante es que posee los medios intelectuales para enfrentarlo”.
Es muchísimo más lo que cabría destacar de la obra de Aníbal, amén de mencionar su vinculación con iniciativas como el Foro Social Mundial(8). Quiero terminar señalando una de muchas formas en las que su obra puede y debe ser continuada-como no podría ser de otra manera- combinando acogida y confrontación.
Uno de los aportes que encuentro en la visión de Aníbal sobre la modernidad es haber subrayado el tipo de dualismos que ella contiene. Si bien múltiples culturas reconocen oposiciones y complementariedades –como “el Yin y el Yan”- en Occidente, y sobre todo en Occidente moderno, en cada dualismo uno de sus polos es el “verdadero”, mientras que el otro queda en una condición “residual”. Véanse los siguientes ejemplos:
- moderno / tradicional
- individuo / sociedad
- privado / público
- capitalismo / no capitalismo
- adquirido / adscrito
- racional / no racional
- masculino / femenino
- occidental / no occidental
- bien / mal
La lista puede extenderse indefinidamente. Aníbal colocará en la cúspide de estos dualismos el racial: blanco / no blanco. No es un planteamiento ni autoevidente ni incontrastable, pero él ha buscado sustentarlo históricamente y por tanto puede ser discutido. Por ende, y sobre esa base, mi punto de vista es el siguiente: detrás de cada uno de tales dualismos jerárquicos –por tanto lo que voy a plantear tiene las debilidades de toda inducción- subyacela búsqueda de la homogeneidad. Ello puede verse en las tesis, que al parecer Aníbal no conoció, de David Goldberg sobre el “Estado racial” que sería característico de Occidente moderno: una nación, un idioma, una religión, una cultura, un Estado, una ley; finalmente, una raza(9).
Es posible entresacar de aquí la existencia de un patrón cultural que tiende hacia una homogeneidad absoluta, en todo orden de cosas. Max Weber lo entendería como el desarrollo de una racionalidad posible entre otras, aunque él quizá la colocaría como “la más racional” entre todas. Es decir, la búsqueda de una sistematicidad reductora.
Si el dualismo blanco/no blanco tiene o no el privilegio epistemológico e histórico que Aníbal le adjudica, ello queda sujeto a debate. Lo que es más claro, sin embargo, es este patrón que tiende hacia la homogeneidad, y que por tanto se muestra desde “incómodo” hasta intolerante y genocida frente a la heterogeneidad y la diversidad. Como puede verse, esto comprende al capitalismo, a la vez que va mucho más allá, y permite preguntarse qué principios de organización alternativos cabrían para cada una de las dimensiones que Quijano ha diferenciado, u otras que pudiésemos descubrir. Se comprenderá fácilmente el inmenso alcance cognitivo, filosófico y moral que aquí se encierra.
No sé si plantear así las cosas tendrá suficiente sustento. Por ahora llego hasta aquí, y me parece fascinante. Esta es la deuda impagable que tengo con Aníbal Quijano. Es el tipo de deudas con las que uno puede vivir y morir feliz.
(Lima, 31 de mayo del 2018).
Notas:
(1) Carta de José María Arguedas a Pierre Duviols, del 30 de abril de 1959. Carmen María Pinilla (ed.): Itinerarios Epistolares. La Amistad de José María Arguedas y Pierre Duviols en Dieciséis Cartas, pp. 49-50. Fondo Editorial, Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima 2011.
(2) Guillermo Rochabrún: “La Reinvención de Aníbal Quijano” Hueso Húmero No 64. Lima, setiembre 2015.
(3) Aníbal Quijano: Imperialismo, Clases Sociales y Estado en el Perú 1890-1930. Mosca Azul Editores. Lima, 1978 y 1985.
(4) En varios escritos de Aníbal se encuentran ásperas menciones al “materialismo histórico”, como en “Colonialidad del Poder y Clasificación Social” (2007), incluido en la antología de Danilo Clímaco: Aníbal Quijano: Cuestiones y Horizontes. Ver p 290 y ss. CLACSO, Buenos Aires 2014.
(5) La primera publicación de Aníbal fue la antología Ensayos Escogidos de José Carlos Mariátegui (1956), hecha cuando además de La Escena Contemporánea (1925) y 7 Ensayos (1928) de Mariátegui solamente se habían publicado El Alma Matinal (1949) y La Novela y la Vida (1955).
(6) La idea de una “racionalidad histórica”, construcción simétricamente antitética a la “racionalidad instrumental” se encuentra en los primeros escritos que desembocan en la colonialidad del poder: Modernidad, Identidad y Utopía en América Latina. Sociedad y Política Ediciones, Lima 1988.
(7) Aníbal Quijano: La Economía Popular y sus Caminos en América Latina. Mosca Azul Editores, Lima 1998.
(8) Para otra semblanza de Aníbal, hecha desde una experiencia muy diferente a la mía, véase el artículo de Rita Segato “Aníbal Quijano y la Perspectiva de la Colonialidad del Poder” incluido en su libro La Crítica de la Colonialidad en Ocho Ensayos. Y una Antropología por Demanda. Prometeo Libros, Buenos Aires 2015.
(9) David Theo Goldberg: “Racial States”, en David Theo Goldberg and John Solomos (eds) A Companion to Racial and Ethnic Studies. Blackwell, 2002. He encontrado esta misma dualidad asimétrica en la estructura de las ciencias sociales. La Economía privilegia lo privado, mientras que lo público le es un rincón incómodo; la Ciencia Política tiende a lo contrario, aunque vacila ante la dualidad Estado-ciudadano. La Antropología es muy clara frente a la dualidad entre Occidente y “lo otro”. La Sociología es el campo de “lo adscrito”, aunque es dubitativa frente a “lo adquirido”, a los que tiende a traslapar con “lo estructurado” y “la acción”. Inversamente la Historia privilegia lo contingente frente a lo estructurado. Bajo su forma actual todas estas ciencias se constituyeron, no por casualidad, a fines del siglo XIX. Desde entonces a la fecha han sido el escenario de ensayos tan reiterados como infructuosos para superar esos “falsos dualismos”.
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Fuente: Ideele: https://revistaideele.com/ideele/content/mi-deuda-impagable-con-an%C3%ADbal-quijano

domingo, 17 de julio de 2016

PARA ENTENDER EL MIEDO

MIEDO, MEMORIA Y FUTURO

      "Crece el mal por razones que ignoramos y es una inundación con propios líquidos...Señor Ministro de salud: ¿que hacer?" -Los nueve monstruos- Cesar Vallejo 

La cotidiana, abundante y detallada dosis informativa sobre hechos delictivos, violencia y muerte, generan una creciente sensación de inseguridad y miedo. Pero no solo eso. Generan también oportunidades de negocio  no solo para el mercado de la seguridad y sus dispositivos tecnológicos, sino que también propicia la corrupción por las medidas de urgencia que se dictan sin control para enfrentar la inseguridad. Pero sobre todo, pavimentan el camino hacia el control total sobre la población, mediante la identificación biométrica (la marca de la bestia), que permite la ubicación y aniquilamiento selectivo no solo de los delincuentes sino también, de quienes resulten incómodos para el poder, cualquiera que este sea.

La codicia, la violencia y el miedo son los verdaderos nombres de la competitividad, la eficacia y la eficiencia, que son los motores del capitalismo neo liberal cuyo verdadero rostro es necesario desvelar. Intentaremos aquí, aproximarnos al miedo, señalando algunos de sus efectos, usos y beneficios, para entenderlo en su complejidad.

En palabras de la historiadora Claudia Rosas Lauro[1]: “El miedo se define como un sentimiento de inseguridad frente a una amenaza identificada, que puede ser real o ficticia. Es decir, podría no existir tal amenaza, pero se percibe como un elemento perturbador que pone en riesgo nuestra seguridad…los miedos pueden ser instrumentalizados por el Estado, la Iglesia, los grupos de poder económico o los partidos políticos para lograr sus propios fines. Para ello, son difundidos por medios de comunicación no solo mediante noticias, sino también rumores o datos falsos que alimentan los temores y se conectan con prejuicios y estereotipos de la población.[2]” 

El miedo que habita en los seres vivos acompaña al animal humano desde el comienzo de su historia. La necesidad de asegurar su existencia enfrentó a  los primeros humanos con los riesgos de su entorno ambiental. La inseguridad resultante de esa tensión le obligo a desplegar su inventiva para sobrevivir en el medio hostil. Hubo necesidad de pasar de la manada, de la horda a la tribu, a la comunidad; y de imaginar divinidades propicias que le protegiera de las amenazas a su existencia. Organización social y religiosidad fueron herramientas indispensables para sobrevivir. Como individuos solitarios, competidores y profanos difícilmente hubiera podido hacerlo y  escalar su desarrollo. A partir de un cierto momento, el miedo empezó a ser utilizado como instrumento de dominación. La aparición de la propiedad privada, la familia patriarcal y el estado, necesitó justificarse como mandato divino –nuevos dioses “únicos y verdaderos” desplazaron a las antiguas divinidades naturales, simbolizando el cambio hacia las sociedades disciplinarias que han  permanecido hasta hoy, pero que ya resultan inadecuadas frente a los procesos de integración económica mundial, la incesante urbanización/desruralización y el acelerado despliegue de las nuevas tecnologías que amplían el campo de lo posible.

La civilización del capital requiere de un nuevo orden mundial para orientar los procesos en curso hacia su finalidad suprema: La rentabilidad de sus negocios. Habiendo agotado ya todas sus promesas de Democracia y Libertad, proclama hoy  la Seguridad como pretexto para hacerse del control total de los recursos necesarios para la continuidad de su poder en todo el planeta[3].

Guerras, terrorismo, delincuencia, desempleo, epidemias,  entre otros, son los nuevos círculos del infierno que actualizan el miedo como fenómeno universal. El castigo eterno, esgrimido por el poder en la edad media, fue contestado y reemplazado por el reino de la razón, el individualismo y la idea de progreso de la modernidad colonial. Pero el reinado de la razón instrumental de “el fin justifica los medios” ha devenido ya en razón cínica[4] del “todo vale para triunfar”.

Todos los ámbitos de la actividad humana (salud, educación, cultura, etc) son invadidos por la lógica de la mercancía, pero además, se formatean las conciencias modelando los deseos de los individuos para que sigan ciegamente las tendencias del mercado como antes los rebaños iban en pos de su alimento. El capitalismo necesita fabricar consumidores que absorban lo que produce[5]; pero como ya no puede asegurar el pleno empleo ni un ingreso para todos, aparece la trasgresión (y el delito) convertida en un mal necesario para la civilización del capital. La inseguridad creada obliga a los ciudadanos a replegarse en un individualismo feroz, renunciando a su propia libertad en nombre de la seguridad. Este miedo a la libertad les impide ver la descomposición social[6] y el laberinto sombrío en el que nos encontramos sumidos. La seguridad se convierte en el negocio del momento. El neoliberalismo es una contrarrevolución capitalista que promueve la restauración de la barbarie como modelo de acumulación de capital, en donde impera la ley del más fuerte, del más astuto, del más rufián; con el despojo, la estafa y el crimen como modalidad operativa.

El miedo en el Perú es una pesada herencia colonial. El terrorismo evangelizador aplicado mediante la extirpación de idolatrías sentó las bases de esa cultura del miedo que nos acompaña hasta hoy, sintetizada en esa frase acuñada en la época de las haciendas: “Calla, reza y trabaja”. La violencia y el silenciamiento son los pilares del mal llamado “principio de autoridad”. La adjetivación descalificadora de “idolatra”, “hereje” o “infiel” de ayer se ha convertido en “antisistema”, “antiminero” o “terrorista” de hoy, utilizadas para señalar a quienes el estado/mercado considera enemigos y es un eficaz instrumento de castración intelectual aplicado por los inquisidores de todos los tiempos, impidiendo una reflexión seria sobre el destino de nuestro país.

La inoculación del miedo resulta eficaz por la  precarización de las condiciones de existencia (empleo, educación, salud, etc), que multiplica los riesgos y reduce las protecciones. La mercantilización de la vida social convierte todo vínculo en una relación de costo/beneficio, que sustituye la confianza y cooperación por rivalidad y competencia. Las aspiraciones de mayor consumo requieren de un mayor ingreso que obliga a reducir los tiempos compartidos de los afectos, de los cuidados, y de la vida familiar. La publicidad que estimula el consumo es la misma que instituye el miedo a perder y su manipulación.

¿Y cómo enfrentar al miedo?
En su trabajo sobre EL TERROR COMO EJERCICIO DEL PODER, Augusto Castro[7] señala que el miedo a la muerte es el miedo por excelencia y su manipulación para consolidar, legitimar o conquistar el poder es una forma de terror. Partiendo de esta constatación propone una alternativa considerando una perspectiva ética: SABER VIVIR, JUSTIFICANDO NUESTRA VIDA, en donde el “no tener miedo a la muerte” signifique EL PLENO RECONOCIMIENTO DE LA VIDA A PESAR DE SU LIMITE Y PRECARIEDAD cuya meta sean LA PAZ y EL BUEN VIVIR, garantizando la diversidad y en especial, protegiendo a los más vulnerables y promoviendo a quienes hasta hoy están excluidos de las oportunidades.

¿Y cómo materializar esta alternativa?
Recogiendo el legado de nuestra Cultura Andina prehispánica para imaginar un futuro más allá de esta civilización predadora y consumista. Para salir de este laberinto necesitamos desmontar esa cultura del miedo. Necesitamos reconocer que vivimos una guerra entre la lógica de la mercancía y la lógica de la naturaleza que en 500 años no ha podido cortar nuestras raíces. Necesitamos abrir espacios de encuentro y conocimiento para defender la vida, promover la paz y garantizar el respeto a la diversidad.

Como Colectivo Cultural asumimos la Misión de sembrar lo bueno de lo nuevo y lo mejor de lo que hubo antes de lo cristiano occidental. Pero antes, remover el ambiente en el que vivimos, aireándolo con el encuentro de las diversidades, el conocimiento, la reflexión y la discusión. En las próximas ediciones de TARPUY iremos discutiendo la forma en que opera la cultura del miedo en el Perú aplicando el concepto de Inteligencia Colectiva, basados en el convencimiento de que nadie lo sabe todo y que todos sabemos de algo, que puede aportar valor al conocimiento general, avanzando del “Yo pienso” al “nosotros pensamos”, forjando nuestra Memoria Histórica como herramienta de transformación.

Calixto Garmendia

Lima, julio 2016



[1] Claudia Rosas Lauro, Doctora en Historia por la universidad de Florencia, Italia. Ha editado EL MIEDO EN EL PERÚ, siglos XVI al XX,  Fondo Editorial de la PUCP, 2005
[2] MIEDO Y ELECCIONES EN EL PERÚ, por Claudia Rosas Lauro, EL COMERCIO,  jueves 31 de marzo del 2016.
[3] El INFORME CHILCOT sobre la intervención en Irak muestra que la política de CONMOCIÓN Y PAVOR es una estrategia imperial
[4] CINISMO,  CORRUPCIÓN Y VIOLENCIA EN EL PERÚ. Julio Mejía Navarrete. YUYAYKUSUN. Revista del Departamento de Humanidades de la Universidad Ricardo Palma. Nro 7 – Noviembre 2014
[5] EL DESEO SINGULAR, Bernard Stiegler,
ARTE REI, Revista de Filosofía, nro 74, marzo 2011
[6] SOCIEDAD DESCOMPUESTA, Francisco Durand, 04/09/2015, Semanario “Hildebrandt en sus trece”
[7] EL TERROR COMO EJERCICIO DEL PODER, Augusto Castro Carpio, Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tokio, Director del Instituto de Ciencias de la Naturaleza, Territorio y Energías Renovables (INTE-PUCP) y Coordinador del Grupo de Investigación Ética, Ambiente y Sociedad.